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¿Está cayendo Claudia López? / Voy y Vuelvo

Hay mucho de razón en los reparos hechos a ella, lo cual es obvio en las circunstancias actuales.

La respuesta es sí. Evidentemente, los últimos sondeos muestran que la alcaldesa cae diez puntos. Mientras que la aceptación de su gestión era de 71 puntos hace unos meses, la que se dio a conocer esta semana por parte de la firma Invamer Gallup Poll es de 61. Y la desaprobación de su gestión pasó de 24 a 37 por ciento. Ese es el dato con el que cierra su primer año de gobierno y que ha dado para toda suerte de interpretaciones.

Hay múltiples factores que explicarían, en principio, tales resultados. Esta semana se han escuchado varios: sus vacaciones, el manejo mismo que le ha dado a la pandemia, las cuarentenas y la soberbia con que ha tratado a algunos comunicadores. Digamos que estas son las más evidentes, las que pululan por redes sociales y demás. Pero hay razones intangibles que también vale la pena analizar.

Claramente, el rebrote de la pandemia y el hecho de que ella estuviera fuera del país a sabiendas de que la emergencia podría agravarse generaron un ambiente hostil hacia la mandataria, hecho que fue aprovechado por sus contradictores políticos, que no le concedieron un centímetro a la hora de criticarla y reclamarle. Luego está la emergencia misma y las medidas restrictivas que, como un karma, volvieron a gravitar sobre una ciudadanía que venía de celebrar el nuevo año con deseos de que las cosas cambiaran. Pero la realidad se encargó de mostrarnos otra cosa y el sentimiento de frustración colectiva se hizo evidente.

Dicho esto, que Claudia López mantenga hoy una popularidad del 61 por ciento no es grave. Ya quisieran muchos alcaldes que pasaron por el gobierno haber tenido un guarismo similar en sus primeros 365 días de mandato. Y eso que no tenían al frente la crisis sanitaria actual. Tal vez Lucho Garzón fue el único que lo consiguió, de resto, los alcaldes no han contado con un beneficio similar. Y excepto por Pumarejo, en Barranquilla, buena parte de los alcaldes de las grandes capitales del país han sentido el vértigo del descenso reciente.

Hay mucho de razón en los reparos hechos a López, lo cual resulta obvio en las circunstancias actuales. Si al exalcalde Peñalosa le promovieron revocatoria antes de posesionarse y no le dieron tregua con cada cosa que hacía o decía, no es de extrañar que a López quieran revocarla por cualquier razón asociada al manejo de la pandemia.

Pero esas son jugadas políticas que no terminarán en nada. Lo que sí debe ser materia de preocupación para el gobierno es lo que se avecina: desempleo, quiebras e incertidumbre por el futuro, esto es lo que está minando peligrosamente la confianza de la gente en sus gobernantes y sus líderes. Se trata de una encrucijada que no tiene escapatoria. Mientras que el Presidente será juzgado según como le vaya a la economía del país –y de ahí su discurso de mantener empresas y negocios abiertos–, a los alcaldes y gobernadores se los juzgará por el número de vidas que se pierdan en la pandemia. Sin duda el escenario más complicado es para ellos, que deben lidiar con ambos temas y no hay cómo.

Ahora bien, pueda que el asunto del empleo sea un problema del Ejecutivo, lo mismo que las vacunas o las ayudas para los más pobres, pero el ciudadano común no entiende eso, simplemente busca responsables cuando ve que hace todo lo que le piden y su situación no mejora, lo que se traduce en que que el primer foco para descargar su rabia sea el alcalde o la alcaldesa de turno. Por eso, las protestas de esta semana entre pequeños comerciantes que se sienten asfixiados con la situación y desafían las medidas. “No aguantamos más”, decía uno de ellos. Y tienen razón, a los doce días de cuarentena adicionales que les acaba de anunciar el gobierno se suman las jornadas de cierre que ya han tenido por localidad o fines de semana. Sumados todos esos días, buena parte del primer mes del año se les ha ido sin reactivar sus negocios. Y es ahí donde está el empleo de los bogotanos, mayoritariamente

Ahora se anuncian ayudas económicas para informales y formales, que no está mal, pero ya no es suficiente. También lo dijeron los afectados. El pequeño empresario bogotano es orgulloso, no quiere todo regalado, quiere tener la libertad de echar a andar su negocio, y convencerlo de que la situación no lo permite es difícil.

El tema es complejo y requiere un manejo acertado de la Alcaldía. Hay que sincronizar los anuncios de las restricciones con otros que generen esperanza. Abrir colegios o parques, por ejemplo, sería uno de ellos. La posibilidad de generar 3.500 empleos en el segundo semestre, como declaró el nuevo gerente del metro, también ayuda. Y hay que buscar por todos los medios que el comercio formal, que genera empleo a mujeres y jóvenes, tenga un respiro. Son pequeñas señales que contribuirían mucho a equilibrar los ánimos.

Finalmente, la Alcaldía debe lidiar desde ya con el tema de las vacunas, el cual, bien manejado y bien administrado, será el paso más importante en la recuperación del optimismo.

tomado del TIEMPO.COM

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