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María Elena Quintero, la madre con más hijos de la tercera edad en Colombia, vive en San Francisco, Cundinamarca

En San Francisco, Cundinamarca, hay una dama, una gestora social que, además de ser esposa de un gran caballero y extraordinario alcalde, Jorge Infante —con quien tiene dos hijas fruto de una hermosa unión matrimonial—, es, ante todo, madre de más de 250 abuelos y abuelas de este municipio colombiano.

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San Francisco cuenta con diez veredas, y esta mujer es profundamente amada por sus adultos mayores, quienes viven felices de haberse encontrado con una persona como la señora María Elena Quintero, una mujer que merece el mayor homenaje del país y de todas las entidades que otorgan premios a incansables servidores de quienes muchas veces han sido olvidados por la pobreza y la ignominia, incluso por sus propias familias.

Ella, con su inmenso amor, apoya de manera permanente los centros geriátricos que atiende, brindando techo, comida, ropa, atención médica cuando se necesita y mucho más. Lo más admirable es que, junto a su equipo, asisten a diario a estos bellísimos abuelos y abuelas, quienes viven como reyes y reinas gracias a su entrega incansable.

Todo lo que allí existe ha sido conseguido por esta heroína de la vejez, en esta parte del mundo llamada San Francisco, Cundinamarca. Algo verdaderamente inenarrable e imposible de describir con palabras, porque no se trata solo de contarlo, sino de sentirlo: ver cómo ellos y ellas viven como reyes, gracias a un equipo liderado por esta mujer, una verdadera “Madre Teresa de Calcuta”, pero americana, india, de carne y hueso.

Escribe Luis Torres, quien se llena de orgullo al contárselo al mundo digital, con los ojos humedecidos por la emoción, narrándolo como jamás lo había hecho en casi 50 años de vida, los cuales cumple el próximo 22 de febrero de 2026.

Moraleja:

Ojalá los almacenes Éxito, las zapaterías, y todas las demás grandes cadenas nacionales e internacionales, como Fabricato, Coltejer y organizaciones internacionales, apoyaran a esta mujer más grande que el mapa de Colombia, brindándole aportes para que este proyecto creciera cada vez más. Ojalá nunca falten los recursos en esta región del país para estos encantadores viejitos y viejitas, y que su felicidad los acompañe hasta el último día de sus vidas.

Ese es mi deseo: que la felicidad embargue por siempre a esta gran dama colombiana, por la obra que ha desarrollado desde su cargo como Gestora Social de San Francisco (Cundinamarca, Colombia, Suramérica). Reitero: no sabemos realmente cómo lo hace, con tanto amor y orgullo, sin recibir un sueldo, pero con una entrega verdaderamente inenarrable. Al menos, en mis casi 50 años de esta profesión, no he visto algo semejante sino en ella.

Con orgullo sincero, deseo contárselo al mundo terrenal y digital del planeta.